Un garante hipotecario es una persona natural o jurídica que firma la solicitud de préstamo junto con el solicitante del mismo, comprometiéndose a intervenir en el pago de una o varias cuotas en caso de que el solicitante no pueda pagarlas o, por cualquier motivo (económico o personal), suspenda totalmente los pagos.

No siempre es necesario tener un garante. A menudo, las garantías que el solicitante puede ofrecer, como sus ingresos y una hipoteca, son consideradas más que suficientes por el banco. En otros casos, sin embargo, es necesario que haya una protección adicional. 

Veamos con más detalle quién puede actuar como garante y cuáles son las implicaciones de este papel.

¿Quién puede actuar como garante hipotecario?

Muy a menudo los garantes de una hipoteca son familiares o amigos, es decir, aquellos que tienen un vínculo emocional con el solicitante y pueden ayudarle a obtener la hipoteca.

Aunque esto es lo que ocurre en la mayoría de los casos, no es necesario que exista ningún tipo de vínculo entre el solicitante y el garante. Los dos podrían ser unos completos desconocidos.

Cuando el banco tiene que evaluar la posición del garante, no lo hace en función del vínculo con el solicitante, sino en relación con la edad y el patrimonio de este:

  • Normalmente se exige que, al vencimiento del préstamo, el garante no haya superado los 75 años de edad;
  • El garante debe tener ingresos y/o activos suficientes para poder pagar las cuotas en caso de insolvencia del solicitante.

También es posible designar a más de una figura para que actúe como garante. Se puede, por ejemplo, designar a los dos padres y hacerlos ambos garantes.

Qué implica ser garante de una hipoteca

Generalmente, el garante de una hipoteca no tendrá que pagar las cuotas, hasta que el demandante no pueda saldar su deuda, entonces tendrá que intervenir con sus propios bienes.

Si se produce esta situación, el garante intervendrá en el pago de las cuotas pero sin obtener ningún derecho sobre el inmueble adquirido con el préstamo; no obtiene, por tanto, ni la propiedad ni el usufructo.

Además, la posición del garante se considera disuelta una vez completado el pago de las cuotas de la hipoteca. Por regla general, el garante no puede echarse atrás antes de la fecha de vencimiento; en caso de su fallecimiento prematuro, el gravamen pasará a sus herederos si aceptan la herencia.

En algunos casos, sin embargo, es posible que el solicitante consiga mejorar su situación económica y patrimonial con el paso de los años y desee liberar al avalista del cargo.

En este caso, el banco volverá a valorar la garantía ofrecida por su cliente y, si es suficiente, podrá subrogarse en la hipoteca. La subrogación, sin embargo, no es una modificación de la hipoteca actual. Se trata de una nueva obligación contractual que tiene en cuenta las cantidades ya pagadas, y que extingue formalmente la hipoteca anterior.

Otra implicación a tener en cuenta a la hora de convertirse en garante hipotecario es la posibilidad de obtener un préstamo para uno mismo. Aunque no se trate de una deuda contraída personalmente, ofrecer una garantía personal sobre la hipoteca de otra persona puede dificultar la obtención de un préstamo o financiación.

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